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Publicado el 25 de marzo de 2014 por Cristian Pérez-Granados en Blog
 
 

Monticoleños por Polonia (II): Mar báltico

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A mediados de febrero de 2014, aprovechando mi estancia en Polonia, viajé al Báltico, con la intención de visitar la ciudad de Gdańsk y ver aves marinas norteñas, las cuáles no llegan o con escasez a España.  Gdańsk me ha parecido una de las ciudades más bonitas y con más historia de Polonia, sin ir más lejos durante varios momentos funcionó como Ciudad-Estado libre e independiente, y es donde se inició la II Guerra Mundial con los primeros bombardeos alemanes al pretender su adhesión a Alemania. Además es donde han nacido personajes históricos como Schopenhauer, Fahrenheit o Günter Grass.

Fontanna Neptuna y Grúa de Gdańsk, los dos símbolos de la ciudad. La segunda es un simbolo de la riqueza de esta ciudad en el pasado, capaz de elevar 4 toneladas ya en el S XIV. Además en la ciudad se encuentra el gran molino, capaz de moler 200 toneladas de cereales al día en el siglo XIV y que durante mucho tiempo fue la mayor inversión de Europa Medieval.

Fontanna Neptuna y Grúa de Gdańsk, los dos símbolos de la ciudad. La segunda es un simbolo de la riqueza de esta ciudad en el pasado, capaz de elevar 4 toneladas ya en el S XIV. Además, en la ciudad se encuentra el gran molino, capaz de moler 200 toneladas de cereales al día en el mismo siglo, y que durante mucho tiempo fue la mayor inversión de Europa Medieval.

La mañana del sábado la dediqué a pasear por la playa de la ciudad, donde pude divisar numerosos ejemplares de gaviotas canas (Larus canus), reidoras (L. ridibundus), argénteas de ambas subespecies (L. argentatus), y las primeras serretas o haveldas (Clangula hyemalis) en el lejano horizonte, esas observaciones que apenas dan para saber la especie, pero dado que eran los primeros haveldas de mi vida, hacían que me entretuviera viendo esos puntos. Un gran grupo de cisnes comunes (Cygnus olor, uno de ellos de Letonia según su anilla), y varios porrones osculados cercanos (Bucephala clangula), cerraban una mañana soleada, y servían de adelanto a lo que sería el siguiente (gran) día.

Gaviota cana con estalactitas (a pesar del día soleada que hacía), y cisne vulgar y porrón osculado posando para la foto ;)

Gaviota cana con estalactitas (a pesar del día soleado que hacía), y cisne vulgar y porrón osculado posando para la foto ;)

El domingo empecé la jornada en los paseos marítimos de Gydnia, una de las mayores ciudades portuarias de Polonia, donde muy cómodamente se podían ver grupos de serretas chicas y grandes (Mergellus albellus y Mergus merganser), patos haveldas muy cercanos, gaviones marinos (Larus marinus), y algún alca común (Alca torda) y pigargos europeos (Haliaeetus albicilla).

Desde el paseo marítimo de Gydnia se pueden ver especies tan interesantes como el havelda.

La siguiente parada y quizás la más deseada, era el puerto pesquero de Wladyslawowo, típico lugar en Polonia donde buscar gaviotas norteñas como la polar (Larus glaucoides) o hiperbórea (L. hyperboreus), bisbitas costeros (Anthus petrosus), correlimos oscuros (Calidris maritima) o araos aliblancos (Cepphus grylle). De todos estos, encontré un espléndido ejemplar de gavión hiperbóreo, así como algún ejemplar de escribano nival (Plectrophenax nivalis), gaviota cáspica (L. cachinnans) y algún negrón especulado aunque bastante lejano (Melanitta fusca). El resto de especies aunque interesantes, fueron las mismas que en paradas anteriores.

Gavión hiperbóreo y escribano nival, es curioso que el escribano nival no fuera nada confiado, en comparación con las aves que se dejan ver esporádicamente en España, que suelen ser bastante mansas.

Tras revisar de nuevo las gaviotas, la siguiente visita fue a la península de Hel, un brazo de tierra que se extiende durante decenas de kilómetros en el már Báltico, en ocasiones con una extensión no mayor de 300 metros. Una pareja de cisnes cantores (Cygnus cygnus) amenizaron el viaje en coche, hasta llegar al puerto de la ciudad de Hel, donde decenas de porrones bastardos (Aythya marila) y moñudos (A. fuligula) en grupos mixtos, dejaban claras sus diferencias. En el paseo que conduce al extremo de la península una pareja de confiados correlimos oscuros (Calidris maritima) sobre un paisaje idílico, rocas llenas de nieve, con las olas rompiendo tras ellos y a escasos 20 metros, hicieron que “perdiera” media hora observándolos en tranquilidad, compitiendo con el gavión hiperbóreo por quién era la observación del día! Por último algunos ejemplares de serretas medianas (Mergus merganser), cerraron el posible trío de serretas. Faltaron algunas especies que me hubiera gustado ver, como algún eider (Somateria sp.), el citado bisbita costero o el arao aliblanco, pero en resumen es un viaje que recomiendo a todos los amantes de las aves, especialmente acuáticas.  Si os animáis a visitar la zona y os surgen dudas, no dudéis en preguntar. Esta crónica va dedicada a Toni Mulet, compañero pajarero de La millor terreta del món, cuya crónica previa y listado de especies me animó a hacer este magnífico viaje. Espero que esta crónica sirva en el futuro a algún otro viajero.

Serretas medianas y pareja de correlimos oscuros, las últimas nuevas especies avistadas del día.

 


Cristian Pérez-Granados